Taller sobre Artes y Literatura, un viaje a través del tiempo (II)

En las últimas semanas hemos continuado nuestro paseo por la Historia transitando por la Baja Edad Media, el Renacimiento y el Barroco. Pudimos conocer lo más curioso y representativo de cada época, y escuchar en vivo el canto gregoriano, visitar el Castillo medieval de Manzanares el Real, antesala del Renacimiento, para después presenciar la obra de teatro Macbeth, de W. Shakespeare, en Teatros del Canal en Madrid.
Nuestro cuaderno de viaje nos llevará en próximas semanas desde el Siglo de Oro  hacia la modernidad. Pero antes, detengámonos en el análisis de tres ejemplos de pintura de cada uno de los periodos que tuvimos ocasión de descubrir, y que nuestra experta, Beatriz, nos ha preparado. ¡Que lo disfrutéis!

La pintura responde a un análisis distinto, tenemos que detenernos en diversos aspectos: la técnica o el soporte; los elementos formales (como la línea del dibujo, el volumen de las figuras y su disposición en el espacio, la composición, la luz y el color); rasgos iconográficos y por último los estéticos, que nos irán dando las pautas para determinar si una obra pertenece a un periodo u otro.
Para las cuestiones técnicas, necesitaríamos poder ver la obra en directo para valorar la técnica y el soporte, de manera que en los siguientes análisis obviaremos este punto.
• Empezaremos con la siguiente obra:
Aparece representada una figura central, que ocupa casi la totalidad del cuadro. Está sentado en un trono con cierto carácter arquitectónico, adornado por doseles góticos que cobijan unas figuras femeninas, y que en su conjunto componen una estructura triangular. La pintura se caracteriza por un dibujo lineal muy marcado, con un estudio del volumen, especialmente en el rostro mediante un sombreado. Respecto al colorido de la obra, predomina la abundancia del oro, empleando técnicas de estofado y esgrafiado sobre la capa pluvial y el trono.
El uso del oro en el fondo genera una ausencia de perspectiva, que queda limitada al escabel.
Desde el punto de vista iconográfico reconocemos la
figura de un obispo que porta báculo y mitra, aunque el velo anudado nos alude a su condición de abad.Hay representadas en la cenefa de la capa pluvial figuras de santos acompañadas de sus atributos (San Pedro, Santa Bárbara, San Andrés y Santa Polonia, y en el otro extremo, Santa Catalina, Santa Marta o Santa Quiteria).  En el trono están representadas las siete virtudes, teologales: Fe, Esperanza y Caridad, y las cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza.  Todas estas figuras vienen a acompañar la personalidad del representado, como hombre de gran virtud y ejemplo. El representado es Santo Domingo de Silos, aunque sea una representación idealizada del mismo ya que vivió en el S. XI, y la obra es del S. XV.
Por las características de la pintura que hemos descrito podemos fechar esta obra en el último tercio del s. XV, dentro de la Escuela Hispano-flamenca, muy arraigada en Castilla, siendo uno de sus representantes más importantes Bartolomé Bermejo.

• A continuación analizaremos otra pintura:
Una figura femenina ocupa el protagonismo de la representación. Está dispuesta en la parte central, con los brazos levemente arqueados, configurando una forma piramidal cuya base será la rueda. El fondo está dividido horizontalmente por un muro que en la parte superior permite ver un edificio en perspectiva. A pesar de la importancia del dibujo, aparece suavizado por la técnica del sfumato, al igual que el modelado de las sombras. La obra está iluminada por una luz blanca y homogénea. Predominan los colores puros como el azul y el rojo de los ropajes.
Iconográficamente, observamos que se trata de la representación de una Santa, ya que aparece la palma del martirio apoyada sobre el libro, así como los distintos atributos de su sacrificio, la rueda dentada o la espada, que le corresponden a Santa Catalina.  Otros elementos que encontramos sobre el pretil son el libro, que alude a su sabiduría y la corona por su ascendente real, al ser hija del rey Costo. Un detalle que no debe pasar inadvertido es la decoración de la tela de la falda y de las mangas, con motivos decorativos epigráficos andalusíes (escritura cúfica y nasji), que nos sitúa ante un tejido de procedencia hispana. La decoración del muro con mármoles, al igual que el edificio del fondo, nos sitúa en un contexto renacentista propio del s.XVI. En esta representación de Santa Catalina se observa también una clara influencia de la obra de Leonardo da Vinci, como veíamos en el uso de la técnica del sfumato. Esto nos pone en relación con el artista asentado en la escuela valenciana Yáñez de la Almedina, que posiblemente trabajó con el italiano. Asumió los principios del idealismo clasicista del Renacimiento en Italia que después difundió en la Península Ibérica.

• Por último, examinamos otra pintura de representación figurativa:
De nuevo, la figura ocupa casi la totalidad del espacio, pero en esta ocasión, mientras la cabeza mira al frente, el cuerpo se encuentra girado en diagonal. La composición sería piramidal, formada por la diagonal trazada desde el ala del sombrero hasta el gran libro abierto y con la capa hacia lo que sería la base, formada por los diferentes libros. La luz proviene del lado superior izquierdo, que genera sombra en el lado derecho del rostro, acentuando así el volumen y la expresión. Dominan los tonos fríos tanto por el fondo gris-pardo, y espacialmente por el predominio de blancos y negros. Hay que destacar el traje oscuro bordado con flores, por su alta dificultad técnica.
El personaje representado se caracteriza por su baja estatura, lo que le situaría entre las personas asociadas a la corte de los Habsburgo dedicadas al entretenimiento de los monarcas, los bufones. En este caso,  el personaje está rodeado de libros, ya que compatibilizaría su empleo de bufón con otro oficio, el de correo real y oficial de estampilla. Esto se percibe por el infolio que sostiene y el tintero. Sería pues Don Diego de Acedo, servidor de palacio desde 1635, quién recibía el apodo de “el Primo”. El primer pintor que retratará a los bufones de la corte en un retrato individualizado será Velázquez, que dignificará la figura de estos personajes, interesado por la naturalidad de su pose frente al resto de figuras de la corte y la nobleza. Sus retratos, como podemos apreciar aquí, se caracterizan por el realismo y captación psicológica del personaje. Plasmar esta realidad en la Pintura será el objetivo del Barroco, que Velázquez supera sin duda con creces.
Beatriz Cristóbal
Los Madriles. Por los laberintos de Madrid.

Inscripciones al taller o a visitas sueltas en:
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