El bar de Ernesto: Perros alfa

En la radio acababan de anunciar que el paro aumentaba a una velocidad exponencial. Intentaba recordar la forma de esa maldita curva cuando Paco entró por la puerta del bar con la cara descompuesta. —Hola, Ernesto, ponme un tercio bien frío que el calor me ha dejado el cuerpo seco y se ha llevado hasta las burbujas —dijo tomando posición en su esquina habitual de la barra. —¡A estas horas de la tarde ya debería de haber refrescado! —contesté mientras abría el botellín. —¡Qué va! Parece un castigo divino como…

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