Hernán Cortés, quinto centenario

En Abril de 1519, llegó Hernán Cortés a las costas de México. Se cumplen así 500 años de una gesta «políticamente incorrecta» en la actualidad, ya que nuestro gobierno no quiere incomodar a los mexicanos con esta conmemoración. Pero la historia está ahí, les guste a algunos más que a otros. Lo indudable es que la conquista de aquel imperio (el más importante de América), además de la conquista militar, trajo consigo el encuentro entre dos mundos que alumbraron al México moderno que hoy conocemos.

Ya va siendo hora de descartar para siempre los mitos de la leyenda negra contra nuestra historia, y no dejar caer en el olvido innumerables gestas y logros que algunos de nuestros antepasados gestaron.

 

Breve Biografía de Hernán Cortés

Pariente lejano de Francisco Pizarro, Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano, I marqués del Valle de Oaxaca (Medellín, Corona de Castilla, 1485 – Castilleja de la Cuesta, Corona de Castilla, 2 de diciembre de 1547) fue un conquistador español que, a principios del siglo XVI, lideró la expedición que inició la conquista de México y el final del imperio mexica, poniéndolo bajo dominio de la Corona de Castilla —al cual se denominó Nueva España—.

Nació en la ciudad de Medellín, Badajoz, en el seno de una familia de menor hidalguía. Como muchos hidalgos, su padre lo envió a los 14 años a estudiar leyes a Salamanca. Su afán aventurero era más evidente cada vez y decidió cambiar la pluma de escribano por la espada. Así dos años después, y tras varios intentos fallidos, por una parte, de embarcar para las Indias, y, por otra, de participar en las campañas de Gonzalo Fernández de Córdoba en Italia, finalmente, en la primavera de 1504, zarpó hacia la isla de La Española, donde se instaló como plantador y funcionario colonial.

Hernán decidió buscar fortuna en el Nuevo Mundo, viajando a La Española y Cuba, donde por un corto periodo de tiempo fue alcalde de la segunda ciudad fundada por los españoles en esa isla. En 1519 fue elegido capitán de la tercera expedición a tierra firme, la cual financió parcialmente. Su enemistad con el gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, provocó la cancelación del viaje a última hora, una orden que Cortés ignoró.

Llegando al continente, Cortés realizó una exitosa estrategia de aliarse con determinados grupos indígenas para derrotar a otros. También utilizó una mujer nativa, doña Marina (la Malinche), que le sirvió de intérprete y con quien tuvo un hijo. Cuando el gobernador de Cuba mandó emisarios para apresar a Cortés, este los enfrentó y derrotó, al tiempo que enroló a la tropa que iba a arrestarlo como refuerzos para su expedición. Cortés mandó varias cartas al rey Carlos I a fin de que fuese reconocido su éxito de conquista en lugar de ser penalizado por su amotinamiento. Finalmente le fue concedido el título de Marqués del Valle de Oaxaca, si bien el más prestigioso título de Virrey le fue dado a un aristócrata de alto rango, Antonio de Mendoza y Pacheco. En 1541, Cortés retornó a España, donde falleció seis años después.

Se casó dos veces y tuvo 11 hijos (reconocidos)

Conquista de Tenochtitlan

Tras conquistar varias plazas importantes y trazar importantes alianzas con otros nativos, el ejército de Cortés (400 españoles acompañados de 15 caballos y siete cañones) con el apoyo de unos 2.000 aliados tlaxcaltecas (enemigos de los aztecas, o mexicas), llegaron a la capital del imperio azteca el 8 de noviembre de 1519.  A las puertas de la ciudad, se produjo el encuentro de Moctezuma (caudillo azteca) y Cortés, haciendo de intérprete Doña Marina (la Malinche). El azteca creyó que los españoles eran enviados de un dios (Quetzalcóatl o Serpiente Emplumada) y les trató como enviados del mismo, obsequiándoles con numerosos regalos (entre ellos el famoso Penacho de Moctezuma), y dándoles alojamiento como invitados de honor.

Tras un tiempo los aztecas empezaron a sospechar de la naturaleza divina de sus nuevos amigos, y quiso la mala fortuna que en un enfrentamiento local, hubiese varios muertos entre los españoles que ayudaban a los enemigos de los aztecas. Así perdimos definitivamente el «halo» de divinidad. Durante la tensión del momento, el emperador azteca, Moctezuma, fue obligado a ajusticiar a los responsables de la matanza de españoles, y de paso, a declararse vasallo de Carlos I. En ese momento la casta sacerdotal y nobleza azteca se conjuraron para aniquilar a los «semidioses».

Coincidió para la mala fortuna de los de Cortés, que llegaron tropas mandadas por Diego de Velázquez, el enemigo que Hernán Cortés había desobedecido en Cuba. Los recién llegados mandaron emisarios a Moctezuma avisándole de que Cortés era un traidor y apremiándole a que lo matese si tuviese oportunidad. Así que Cortés tuvo que emplearse a fondo para que no hubiese una matanza entre españoles, y atacando su campamento por la noche, derramando muy poca sangre, mostró a los soldados los adornos de oro que llevaban con los suyos, para que cambiasen de bando. Así lo hizo la mayoría, y Cortés triplicó sus tropas de la noche a la mañana.

Mientras, en la capital, todo se estropeó. Tras una serie de desafortunados episodios, donde se acusó a los españoles (que habían quedado al mando Pedro de Alvarado) de profanar una de sus principales fiestas,  estalló un motín geralizado. Los españoles tuvieron que refugiarse en los aposentos reales protegiendo al mismo Moctezuma de sus propios paisanos.

La noche Triste

El 24 de junio de 1520 el ejército de Cortés entraba nuevamente en la ciudad. El hermano de Moctezuma, Cuitláhuac, fue liberado para que gestionase la pacificación, pero en vez de eso, se puso al frente de los mexicas y se unió al jefe de los caciques, llamado Cuauhtémoc -y quien sería el siguiente Tlatoani mexica-, para oponerse a la ocupación española. Cortés consiguió que Moctezuma tratase de apaciguar a los inconformes y que dejasen salir a los españoles de la ciudad. Y murió en el intento…

Existen dos versiones de la muerte de Moctezuma: una es que cuando hablaba a su pueblo, recibió una pedrada de los propios mexicas que lo hirió de muerte; la otra dice que Hernán Cortés ordenó matarlo cuando vio que no podía calmar al pueblo, si bien esta última versión fue aportada por los mexicas y se considera menos probable.

Estando así la situación, los soldados españoles fueron sitiados en la casa en la que estaban alojados, rodeados por multitudes de indígenas indignados. Los sitiados veían disminuir el agua, las municiones y toda clase de víveres. La única salida era la retirada. Y la hicieron en la lluviosa noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520, conocida como la Noche Triste. Al escabullirse silenciosamente, los españoles se dirigieron a una de las calzadas que conducían a la salida de Tenochtitlán. Ya no les faltaba mucho para completar la retirada cuando fueron descubiertos por una anciana, que dio la alarma, y en unos momentos, miles de guerreros mexicas atacaron en tromba a los españoles; les acosaron a lo largo de la calzada, mientras otros atacaban desde sus canoas. En aquella retirada cayó la mayoría de los españoles, sobre todo los últimos en llegar desde Cuba, que al llevar muchas piezas de oro consigo, a pesar de las advertencias de Cortés, murieron ahogados en el lago. Se perdió además gran cantidad de piezas de artillería y de caballos, así como gran parte del tesoro que se transportaba. Perseguidos por los mexicas, el 7 de julio, cerca de Otumba, los españoles se pararon para afrontar la última batalla antes de morir.

Otumba, la gran gesta de Hernán Cortés

Tras la larga persecución, 40.000 guerreros mexican sitiaron a los maltrechos 500 españoles (acompañados de ya sólo 100 aliados tlaxcaltecas) en la llanura de Otumba. Los de Cortés eran conocedores de que los aztecas siempre sacrificaban a los presos de una batalla. Sin artillería, sin arcabuces y sin apenas caballos, se organizó la última defensa. «Amigos, llegó el momento de vencer o morir. Castellanos, fuera toda debilidad, fijad vuestra confianza en Dios Todopoderoso y avanzad hacia el enemigo como valientes», les arengó Cortés.

La táctica de los aztecas era muy primitiva y consistía básicamente en rodear al enemigo y lanzar continuos ataques de desgaste. La infantería española resistió los repetidos embistes a base de espada, picas y corazas. Cortés conocía el único punto débil del enemigo, su caudillo. Los aztecas huían despavoridos si, durante la batalla, su caudillo caía. Si conseguían el milagro de superar la muralla humana de mexican y cabalgar hasta el caudillo azteca (Cihuacóatl) para matarle, la batalla estaría ganada. Así escogió a sus mejores hombres: Gonzalo de Sandoval, Pedro de Alvarado, Cristóbal de Olid, Alonso Dávila y Juan de Salamanca.

Una carga relámpago sobre sus caballos, y tras invocar a Santiago, sirvieron para aprovechar la oportunidad entre un millón que tenían. El mismo Cortés derribó al caudillo mexican, quien fue rematado por Juan de Salamanca con su espada, logrando así capturar el estandarte azteca.

La desbandada azteca fue inmediata y los españoles que aún quedaban en pié, se apresuraron a escarmentar al enemigo en fuga. En total se calcula que unos 10.000 cadáveres aztecas y unas decenas de españoles, quedaron en la llanura de Otumba.

Final del imperio azteca

Tras la batalla, Cortés y sus hombres volvieron con sus aliados tlaxcaltecas. Los aztecas intentaron pactar con éstos para expulsar a los españoles, pero nuestros aliados fueron fieles a su palabra (además tenían la oportunidad de traicionar a Cortés y atacar ellos solos, y tampoco lo hicieron). Gracias a esta lealtad, y tras 75 días de sitio, donde los mexicas pelearon hasta su práctico exterminio, finalmente fueron derrotados y sometidos a esclavitud.

Es por esta razón que podemos decir, que los actuales descendientes indígenas ó el mestizaje derivado de estos, se dio más que con el pueblo azteca, con los vencedores tlaxcaltecas y otros señoríos indígenas que, al término de la guerra y como recompensa por su lealtad, obtuvieron estatus de principales en sus provincias y en diferentes casos, como representantes ante la corona española como caciques gobernantes.

Conclusión

Lejos de la imagen pretendida por la Leyenda Negra, Cortés exhibió una enorme inteligencia política y un impresionante verbo y valor durante su conquista. Acabó con el imperio Azteca, el mayor del continente, que dominaba a unos 15 millones de súbditos. Aquella no era una civilización tan romántica como muchas veces nos hacen creer, sino más bien era una dominación brutal sobre el resto de tribus. Cada año se sacrificaban entre 20.000 y 30.000 personas de tribus vecinas en sus sangrientos rituales, lo que reforzaba su imperio del miedo. Como señala la historiadora Inga Cledinne, «lamentar la caída del imperio azteca es como sentir pesar por la derrota nazi».

La conquista por parte de Hernán Cortés, fue sobre todo, el inicio de la conexión y mestizaje de dos culturas tan distintas, y que dieron origen al actual México.

 

Fuentes:

  • Esteban Mira Caballos: Hernán Cortés: Mitos y leyendas del conquistador de Nueva España
  • «Cuando éramos invencibles» de Jesús A. Rojo
  • Juan Miralles Ostos (2001). Hernán Cortés. Inventor de México (2ª edición). Tusquets.

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