Fernando III, yo por la Giralda ma-to

Del personaje que hoy escribo lo conocen, o lo tendrían que conocer bien en Sevilla, una de las razones por ser su patrón.
Si os preguntase quién expulsó a los musulmanes de la península todos me contestaríais que los Reyes Católicos, y así fue. Lo que es más cierto es que Fernando III se lo dejo algo hecho ya. Un 23 de noviembre de 1248, nuestro Santo, pues así fue canonizado por el Papa Clemente X, entró triunfante en Sevilla, no sin antes haberlo hecho en media Andalucía, consiguiendo la conquista más importante en varios siglos hasta la toma de Granada.
Si en su biografía se le pusiese al inicio la palabra “Érase una vez” y finalizar “fueron felices y comieron perdices” sería un autentico cuento de Hadas. Era un inteligente y gran gobernante, se rodeó de sabios y no sólo de guerreros, se cuenta su administración como justa y protectora de sus vasallos, entre otras cosas no sobrecargándoles de impuestos. Sus campañas militares se cuentan por victorias. Hombre con una vocación desmedida por la construcción de Catedrales, sólo en su reinado se construyeron Toledo y Burgos y se comenzó con la de León, ¿alguien da más?
Algo que no se le puede negar a nuestro personaje es la visión de negocio o turística que tenía, y por la que han de estar eternamente agradecidos los sevillanos, pues gracias a él cuentan hoy día con la torre de la Giralda. Los musulmanes decidieron arramplar con todo en su retirada de la ciudad y una de las cosas que pretendían destruir era la mezquita y el glorioso alminar, ante lo que nuestro personaje tuvo una educada respuesta, anunciando que si la tocaban un solo ladrillo, degollaría a todo moro que se encontrase por Sevilla.
Se ve que quedó prendado por la ciudad pues la convirtió en capital de la corona de Castilla y León y morada de sus huesos, pues allí se quedó a vivir y allí le enterraron tras morir.
Sed felices.

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