El medio hombre (I)

Blas de Lezo

Hay en nuestra armada multitud de nombres asignados a distintos barcos, generalmente poco conocidos por el gran público: Álvaro de Bazán, Méndez Núñez, Contramaestre Casado… y hoy  nos fijamos en el nombre de una de nuestras mejores fragatas en activo, la Blas de Lezo.

Si estuviésemos en EEUU o en Inglaterra, todo el mundo conocería a uno de sus mayores héroes nacionales, y se habrían rodado un par de películas, escrito infinidad de novelas y quién sabe si hasta un parque temático basado en el personaje histórico.

Y es que nuestro héroe, sin duda daría para todo eso y más. Un hombre pequeño, tuerto, con sólo un brazo y una pierna. Con poco más de 3.000 hombres y 6 barcos, destruyó a la mayor flota de guerra de la historia hasta el desembarco de Nombardía. El despliegue británico constaba de 186 buques de guerra con más de 24.000 hombres. Su objetivo era terminar para siempre con el comercio español en América. Con un rey tan seguro de su triunfo, que mandó acuñar monedas conmemorativas de la victoria antes de la batalla. En ellas se podía ver a nuestro personaje de rodillas rindiéndose ante Sr. Edward Vernon, el almirante británico.

Esta es la historia de un hombre que contra todo pronóstico y con el enemigo en casa (un virrey burócrata de turno que mandaba infomes falsos a la corona para medrar a su costa), rechazó a esa fantástica flota. La diezmó e hizo que el arrogante rey Jorge II mandase destruir todas las monedas y prohibiese la narración posterior en los libros de historia de esta humillante derrota.

Este pasaje forma parte del marketing de guerra inglés, ocultando sus derrotas y magnificando las enemigas. Pero ese es otro tema que trataremos minuciosamente en otro artículo.

Batalla de Cartagena de Indias

A las 7 de la mañana del 13 de marzo de 1740, tras un breve despacho con sus oficiales, Blas de Lezo, Comandante General de la Armada española en el Cartagena de Indias y capitán en jefe de las tropas de tierra de la Nueva España, se dirigía al palacete del Virrey, Don Sebastián de Eslava. Tenía que atravesar toda la ciudad prácticamente, pero a esa hora apetecía dar un paseo y ver la actividad de la urbe. Cartagena de Indias era una ciudad amurallada debido a los contantes ataques de piratas. Por lo tanto, sus gentes estaban acostumbradas a los largos sitios y vivían siempre pendientes del mar.

Aquella mañana todos sabían que algo iba mal. Las noticias corren y si son malas vuelan. Un toque de campana al apuntar el alba hizo que toda la ciudad se levantase sobresaltada y mirase al horizonte: Buques de guerrra en el horizonte…

Entró el almirante en palacio para despachar con el virrey tan urgente asunto y decidir la estrategia a seguir. Y éste le recibió como acostumbraba, con mala cara y recelo. Había estado en contra de toda la preparación defensiva que preparaba Lezo. Despreciando las informaciones de los espías que la Armada tenía distribuidos en las islas cercanas…

..continuará….

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