La paella s’está refredant

—¡Cague en tot! —dijo el viejo restregándose la cara con manos callosas. Luego volvió a colocarse el puro en la boca— Parece que fue ayer cuando tu padre sudaba gotas de sangre, con los brazos llenos de libracos, en la esquina de clase. —Es verdad —afirmó Tonica desde el otro lado de la valla—, contaba que al paso de un avión dejaba lo que estaba haciendo y corría a la ventana, y que ni siquiera los gritos de doña Pura conseguían despegarlo de ahí. —¡Cague en tot! Esa mujer jamás llegó a…

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